Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo 2 de abril
«El autismo no está restringido a una sola región ni a un
solo país; es un reto de alcance mundial que requiere medidas a nivel
mundial.[...] Ahora es el momento de obrar en pro de una sociedad más
inclusiva, poner de relieve los talentos de las personas afectadas y velar por
que haya oportunidades para que puedan desarrollar su potencial.»
Mensaje del
Secretario General, Ban Ki-moon
con motivo del Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, 2 de abril de
2013
El autismo es una discapacidad permanente del desarrollo que
se manifiesta en los tres primeros años de edad. La tasa del autismo en todas
las regiones del mundo es alta y tiene un terrible impacto en los niños, sus
familias, las comunidades y la sociedad.
A lo largo de su historia, el Sistema de las Naciones Unidas
ha promovido los derechos y el bienestar de los discapacitados, incluidos los
niños con discapacidades de desarrollo. En 2008, la Convención sobre los
Derechos de las Personas con Discapacidad entró en vigor, reafirmando el
principio fundamental de universalidad de los derechos humanos para todos.
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró por
unanimidad el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo (A/RES/62/139) para poner de
relieve la necesidad de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los niños y
adultos que sufren este trastorno.
Alegoría del Carruaje
Un día de
octubre, una voz familiar en el teléfono me dice: -Salí a la calle que hay un
regalo para vos.
Entusiasmado,
salgo a la vereda y me encuentro con el regalo. Es un precioso carruaje
estacionado justo, justo frente a la puerta de mi casa. Es de madera de nogal
lustrada, tiene herrajes de bronce y lámparas de cerámica blanca, todo muy
fino, muy elegante, muy "chic". Abro la portezuela de la cabina y
subo. Un gran asiento semicircular forrado en pana bordó y unos visillos de
encaje blanco le dan un toque de realeza al cubículo. Me siento y me doy cuenta
que todo está diseñado exclusivamente para mí, está calculado el largo de las
piernas, el ancho del asiento, la altura del techo... todo es muy cómodo, y no
hay lugar para nadie más.
Entonces miro
por la ventana y veo "el paisaje": de un lado el frente de mi casa,
del otro el frente de la casa de mi vecino... y digo: "¡Qué bárbaro este
regalo! "¡Qué bien, qué lindo...!" Y me quedo un rato disfrutando de
esa sensación.
Al rato empiezo
a aburrirme; lo que se ve por la ventana es siempre lo mismo.
Me pregunto:
"¿Cuánto tiempo uno puede ver las mismas cosas?" Y empiezo a
convencerme de que el regalo que me hicieron no sirve para nada.
De eso me ando
quejando en voz alta cuando pasa mi vecino que me dice, como adivinándome: -¿No
te das cuenta que a este carruaje le falta algo?
Yo pongo cara
de qué-le-falta mientras miro las alfombras y los tapizados.
-Le faltan los
caballos - me dice antes de que llegue a preguntarle.
Por eso veo
siempre lo mismo -pienso-, por eso me parece aburrido.
-Cierto - digo
yo.
Entonces voy
hasta el corralón de la estación y le ato dos caballos al carruaje. Me subo
otra vez y desde adentro les grito:
-¡¡Eaaaaa!!
El paisaje se
vuelve maravilloso, extraordinario, cambia permanentemente y eso me sorprende.
Sin embargo, al
poco tiempo empiezo a sentir cierta vibración en el carruaje y a ver el
comienzo de una rajadura en uno de los laterales.
Son los
caballos que me conducen por caminos terribles; agarran todos los pozos, se
suben a las veredas, me llevan por barrios peligrosos.
Me doy cuenta
que yo no tengo ningún control de nada; los caballos me arrastran a donde ellos
quieren. Al principio, ese derrotero era muy lindo, pero al final siento que es
muy peligroso.
Comienzo a
asustarme y a darme cuenta que esto tampoco sirve.
En ese momento
veo a mi vecino que pasa por ahí cerca, en su auto. Lo insulto: -¡Qué me hizo!
Me grita:-¡Te
falta el cochero!
-¡Ah! - digo
yo.
Con gran
dificultad y con su ayuda, sofreno los caballos y decido contratar un cochero.
A los pocos días asume funciones. Es un hombre formal y circunspecto con cara
de poco humor y mucho conocimiento.
Me parece que
ahora sí estoy preparado para disfrutar verdaderamente del regalo que me
hicieron. Me subo, me acomodo, asomo la cabeza y le indico al cochero a dónde
ir.
Él conduce, él
controla la situación, él decide la velocidad adecuada y elige la mejor ruta.
Yo... Yo
disfruto el viaje.
"Hemos
nacido, salido de nuestra casa y nos hemos encontrado con un regalo: nuestro
cuerpo.
A poco de nacer
nuestro cuerpo registró un deseo, una necesidad, un requerimiento instintivo, y
se movió. Este carruaje no serviría para nada si no tuviera caballos; ellos son
los deseos, las necesidades, las pulsiones y los afectos.
Todo va bien
durante un tiempo, pero en algún momento empezamos a darnos cuenta que estos
deseos nos llegaban por caminos un poco arriesgados y a veces peligrosos, y
entonces tenemos necesidad de sofrenarlos. Aquí es donde aparece la figura del
cochero: nuestra cabeza, nuestro intelecto, nuestra capacidad de pensar
racionalmente.
El cochero
sirve para evaluar el camino, la ruta. Pero quienes realmente tiran del
carruaje son tus caballos.
No permitas que
el cochero los descuide. Tienen que ser alimentados y protegidos, porque... ¿qué
harías sin los caballos? ¿Qué sería de vos si fueras solamente cuerpo y
cerebro? Si no tuvieras ningún deseo, ¿cómo sería la vida? Sería como la de esa
gente que va por el mundo sin contacto con sus emociones, dejando que solamente
su cerebro empuje el carruaje. Obviamente tampoco podés descuidar el carruaje,
porque tiene que durar todo el proyecto. Y esto implicará reparar, cuidar,
afinar lo que sea necesario para su mantenimiento. Si nadie lo cuida, el
carruaje se rompe, y si se rompe se acabó el viaje..."
EL Oso
Esta historia
habla de un sastre, un zar y su oso.
Un día el zar
descubrió que uno de los botones de su chaqueta preferida se había caído.
El zar era
caprichoso, autoritario y cruel (cruel como todos los que enmarañan por
demasiado tiempo en el poder), así que, furioso por la ausencia del botón mandó
a buscar a su sastre y ordenó que a la mañana siguiente fuera decapitado por el
hacha del verdugo.
Nadie contradecía
al emperador de todas la Rusias, así que la guardia fue hasta la casa del
sastre y arrancándolo de entre los brazos de su familia lo llevó a la mazmorra
del palacio para esperar allí su muerte.
Cuando, cayo el
sol un carcelero le llevó al sastre la última cena, el sastre revolvió el plato
de comida con la cuchara y mirando al carcelero
dijo – Pobre del zar.
- El carcelero
no puedo evitar reírse - ¿Pobre del zar?, dijo pobre de ti tu cabeza quedará
separada de tu cuerpo unos cuantos metros
mañana a la mañana.
- Si, lo sé pero mañana en la mañana el zar perderá
mucho más que un sastre, el zar perderá
la posibilidad de que su oso la cosa que más quiere en el mundo su propio oso
aprenda a hablar.
- ¿Tú sabes
enseñarle a hablar a los osos?, preguntó el carcelero sorprendido.
- Un viejo
secreto familiar... – dijo el sastre.
Deseoso de
ganarse los favores del zar, el pobre guardia corrió a contarle al soberano su
descubrimiento:
¡¡El sastre sabía
enseñarle a hablar a los osos!!
El zar se sintió
encantado. Mandó rápidamente a buscar al sastre y le ordenó:
-¡¡Enséñale a
mi oso a hablar nuestro gustaría complaceros pero la verdad, es que enseñar a
hablar a un oso es una ardua tarea y lleva tiempo... y lamentablemente, tiempo
es lo que menos tengo...
-El zar hizo un
silencio, y preguntó ¿cuánto tiempo llevaría el aprendizaje?
- Bueno,
depende de la inteligencia del oso... Dijo el sastre.
- ¡¡El oso es
muy inteligente!! – interrumpió el zar
– De hecho es
el oso más inteligente de todos los osos de Rusia.
-Bueno, musitó
el sastre... si el oso es inteligente... y siente deseos de aprender... yo
creo... que el aprendizaje duraría... duraría... no menos de...... DOS AÑOS.
El zar pensó un
momento y luego ordenó:
- Bien, tu pena
será suspendida por dos años, mientras tanto
tú entrenarás al oso. ¡Mañana empezarás!
- Alteza - dijo el sastre – Si tu mandas al verdugo a
ocuparse de mi cabeza, mañana estaré muerto, y mi familia, se las ingeniará
para poder sobrevivir. Pero si me conmutas la pena, yo tendré que dedicarle el
tiempo a trabajar, no podré dedicarme a tu oso... debo mantener a mi familia.
- Eso no es
problema – dijo el zar – A partir de hoy y durante dos años tú y tu familia
estarán bajo la protección real. Serán vestidos, alimentados y educados con el
dinero de la corte y nada que necesiten o deseen, les será negado... Pero, eso
sí... Si dentro de dos años el oso no habla... te arrepentirás de haber pensado
en esta propuesta... Rogarás haber sido muerto por el verdugo... ¿Entiendes,
verdad?
- Sí, alteza.
- Bien... ¡¡Guardias!! - gritó el zar –Que lleven al sastre a su
casa en el carruaje de la corte, denle dos bolsas de oro, comida y regalos para
sus niños. Ya... ¡¡Fuera!!
El sastre en
reverencia y caminando hacia atrás, comenzó a retirarse mientras musitaba
agradecimientos.
- No
olvides - le dijo el zar apuntándolo con el dedo a la
frente – Si en dos años el oso no habla...
– Alteza... -
...Cuando todos
en la casa del sastre lloraban por la pérdida del padre de familia, el hombre
pequeño apareció en la casa en el carruaje del zar, sonriente, eufórico y con
regalos para todos.
La esposa del
sastre no cabía en su asombro. Su marido que pocas horas antes había sido llevado
al cadalso volvía ahora, exitoso, acaudalado y exultante...
Cuando estuvo a
solas el hombre le contó los hechos.
- Estás LOCO –
chilló la mujer – enseñar a hablar al oso del zar. Tú, que ni siquiera has
visto un oso de cerca, ¡Estás, loco!
Enseñar a hablar
al oso... Loco, estás loco...
- Calma mujer,
calma. Mira, me iban a cortar la cabeza mañana al amanecer, ahora... ahora
tengo dos años... En dos años pueden pasar tantas cosas en dos años.
En dos años... –
siguió el sastre - se puede morir el
zar... me puedo morir yo... y lo más importante... por ahí el ¡¡oso habla!!
domingo, 24 de marzo de 2013
Posted by Melchor Espinosa
El Buscador
Este cuento de Bucay que publico hoy, ya lo hemos escuchado y visto muchas veces, pero como con los grandes autores y las grandes historias pasa que a veces, y de forma inesperada encuantras nuevas interpretaciones. El principio del cuento cobra un nuevo sentido y se entiende mejor despues de ver "El guerrero pacífico"
Bueno espero que os guste:
EL BUSCADOR
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como
buscador
Un buscador es
alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco esa
alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una
búsqueda.
Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de
Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían
de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos
días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos. Un
poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la
atención.
Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles,
pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla
pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo invitaba a
entrar. De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso el portal y
empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas
como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos eran los de un
buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción
… “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un
poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida,
sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese
lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al
lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla decía “Llamar
Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”. El buscador se sintió terrible mente
conmocionado. Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del
muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más
tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor
terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí
y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si
lloraba por algún familiar.
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué pasa
con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños
muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre
esta gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?.
El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal
maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre.
Le contaré:
cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta
que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a
partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta
y anota en ella: a la izquierda que fu lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo
duró ese gozo. ¿ Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró
esa pasión enorme y el placer de conocerla?…¿Una semana?, dos?, ¿tres
semanas y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El
minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el
nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más
deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?¿Cuánto
duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?…
Así vamos anotando en
la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su
libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba.
Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.
viernes, 22 de marzo de 2013
Posted by Melchor Espinosa
Animarse a volar
ANIMARSE A VOLAR
..Y cuando se hizo
grande, su padre le dijo:
-Hijo mío, no
todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar,
opino que sería penoso que te limitaras a caminar teniendo las alas que el buen
Dios te ha dado.
-Pero yo no sé
volar – contestó el hijo.
-Ven – dijo el padre.
Lo tomó de la mano
y caminando lo llevó al borde del abismo en la montaña.
-Ves hijo, este es el vacío. Cuando quieras podrás
volar. Sólo debes pararte aquí, respirar profundo, y saltar al abismo. Una vez
en el aire extenderás las alas y volarás...
El hijo dudó.
-¿Y si me caigo?
-Aunque te caigas
no morirás, sólo algunos machucones que harán más fuerte para el siguiente
intento –contestó el padre.
El hijo volvió al
pueblo, a sus amigos, a sus pares, a sus compañeros con los que había caminado
toda su vida.
Los más pequeños
de mente dijeron:
-¿Estás loco?
-¿Para qué?
-Tu padre está
delirando...
-¿Qué vas a buscar
volando?
-¿Por qué no te
dejas de pavadas?
-Y además, ¿quién
necesita?
Los más lúcidos
también sentían miedo:
-¿Será cierto?
-¿No será
peligroso?
-¿Por qué no
empiezas despacio?
-En todo casa,
prueba tirarte desde una escalera.
-...O desde la
copa de un árbol, pero... ¿desde la cima?
El joven escuchó
el consejo de quienes lo querían.
Subió a la copa de
un árbol y con coraje saltó...
Desplegó sus alas.
Las agitó en el
aire con todas sus fuerzas... pero igual... se precipitó a tierra...
Con un gran chichón
en la frente se cruzó con su padre:
-¡Me mentiste! No
puedo volar. Probé, y ¡mira el golpe que me di!. No soy como tú. Mis alas son
de adorno... – lloriqueó.
-Hijo mío – dijo
el padre – Para volar hay que crear el espacio de aire libre necesario para que
las alas se desplieguen.
Es como tirarse en
un paracaídas... necesitas cierta altura antes de saltar.
Para aprender a volar
siempre hay que empezar corriendo un riesgo.
Si uno quiere
correr riesgos, lo mejor será resignarse y seguir caminando como siempre.
jueves, 21 de marzo de 2013
Posted by Melchor Espinosa
